sábado, 21 de abril de 2012

PORTADA


Actividad 6
 Trabajo Colaborativo 1
La violencia, la guerra y sus efectos políticos.

Curso:
Política, economía y sociedad


Presentado a:
Yuri Jaaman
Tutor del Curso
GRUPO  404042-2

Presentado por:
Ernesto Hernández Barragán
CC. 10081348
Daniel Salomón Barrera
CC. 13744838
Carlos Alberto Ramírez
CC, 7179565

UNIVERSIDAD NACIONAL ABIERTA Y A DISTANCIA-UNAD
ESCUELA DE CIENCIAS SOCIALES ARTES Y HUMANIDADES
FILOSOFIA
Abril  de 2012

INTRODUCIÓN

INTRODUCIÓN


Un tema que parece común en la sociedad Colombiana es la violencia. Para algunos es normal encender un medio de comunicación y observar que se ha vuelto cotidiano observar noticias donde los hechos de barbarie, el conflicto armado, son el común denominador.
No obstante, sería crítico ver normal esta situación en Colombia y también existen muchos actores que trabajan por no permitir que la violencia siga permeando todos los espacios de la sociedad.
Por esta razón, el presente trabajo colaborativo pretende dar pautas para el análisis de este flagelo tratando temas tan importantes como los grupos al margen de la ley, el conflicto armado y emitir conceptos que nos acerquen a entender de alguna forma el tema propuesto en este trabajo.

La violencia, la guerra y sus efectos políticos.

La violencia, la guerra y sus efectos políticos.
Notas para empezar a comprender el fenómeno de la Violencia
en Colombia.



Intentos para comprender la guerra en general

1.
La violencia tiene por objeto los cuerpos, cuerpos que descomponen, a los cuales les destruye sus relaciones constitutivas. Este es el carácter propiamente negativo de la violencia, su aspecto salvaje. Pero una relación constitutiva no puede ser destruida sin que las partes así dispersas entren en nuevas relaciones, este es el carácter positivo de la violencia, su aspecto creador.
La violencia encuentra en la batalla su legitimidad, el lugar de su ejercicio legitimo, legitimado y legitimante. En la batalla la violencia encuentra su orden, orden en el cual el enemigo, objeto de esta violencia, sea por su acción o por la amenaza de una violencia superior a la que puede tolerar, encuentra al final su cuerpo colectivo desordenado y sometido. La batalla, al ordenar la violencia, al gestionar ese movimiento cósmico de los cuerpos, convierte la violencia en un sistema orgánico de fuerzas.
En la batalla la táctica se encuentra subordinada al sistema orgánico de fuerzas, y la guerra no es simplemente la sucesión de las batallas sino su organización espacio-temporal, su diagrama diacrónico y su disposición sincrónica. La batalla se subordina a la guerra y la guerra a la soberanía, pues la guerra deriva de la soberanía amenazada o de la soberanía ejercida como movimiento de conquista o de sometimiento.
La violencia como ejercicio anárquico de la fuerza, no tiene ninguna finalidad, es puro y simple ejercicio sin finalidad. La soberanía al imponerle un orden a ese movimiento libre, extrae del ejercicio de la violencia un excedente, un orden del orden, que es como su propia finalidad. La soberanía constituye, organiza, así, en su forma más estrática, un cuerpo especial: la policía. La policía es el cuerpo constituido que deriva del sistema orgánico de las fuerzas, deriva del ordenamiento de este sistema: dota al sistema de un cuerpo organizado: orden del orden.

 2.
La rebelión, la revuelta, son cuerpos, ordenamientos espacio-temporales de las fuerzas, o de las contra-fuerzas. Estos ordenamientos son instantáneos y locales. En la rebelión el elemento libre de la fuerza no adquiere un orden determinado, se trata siempre de un orden provisional, con jerarquías desconectadas y siempre proliferantes. La rebelión como contra-fuerza es movimiento, tentativa. No prefigura un estado, ni una soberanía, su sistema de jefatura es siempre conspirativa, anómala. En la rebelión se produce permanentemente una proliferación pasional de jefes-héroes, esta proliferación y la desconexión orgánica  introducen constantemente una crueldad, una dureza propiamente miliciana: ejercicio local de la contra-fuerza, desencadenamiento de la violencia como poder caótico. La rebelión como contra-fuerza es potencia caótica, des-organización. En la rebelión, en el movimiento, en su perpetua movilidad, la cristalización de las jerarquías es provisoria, pasional y prestigiosa. La revuelta siempre es movimiento, pero es un movimiento finito y su finitud la determina la fuerza a la cual se opone.

3.
El campo de batalla delimita el espacio de la confrontación de los cuerpos orgánicos. Es un campo medido, escalonado y ordenado según una estricta  disciplina que distribuye e impone los niveles de decisión, las reglas y los dispositivos. El dominio decisional está centrado en la función de comandancia.
El soberano, el soldado, el mercenario despliegan su fuerza en el campo en función de una táctica de la ocupación. Ordena y calcula para ocupar.
El rebelde encuentra su fuerza en su propio campo en el cual ocupa un lugar; el campo de batalla es, para él, el espacio ético construido por su propia contra-fuerza.

4.
Soberano y rebelde, al enfrentarse hacen saltar su propia unidad de fuerza-contra-fuerza y esta unidad estalla en una multiplicidad nueva, que es irreductible a la suma de los fragmentos de la vieja unidad ahora rota.  Si los procedimientos que conducían la confrontación soberano-rebelde eran la batalla, la ofensiva y la maniobra, la nueva situación de libertad de acción implica desigualdades de velocidad sobre un movimiento propiamente infinito de la fuerza que, en adelante, se define como tentativa creadora. Los procedimientos son sustituidos por procesos cada vez más complejos. Ahora el campo se constituye como campo cualquiera que ya no esta definido ni limitado por la confrontación sino producido por el proceso de creación. Las nuevas fuerzas tienden a su realización y en esa misma medida afirman como fuerza positiva la no-batalla, consecuente de la no-victoria: multiplicidades de resistencia que entran en procesos de subjetivación como multitudes.

5.
A la heterogénesis de las resistencias responde la homogenización de los fragmentos como nueva soberanía. Estos fragmentos, producto de una unidad rota, incorporan permanentemente nuevos elementos que desajustan sus contigüidades y su consistencia. Es necesario, entonces, conservar unidos, sin reducir, este conjunto de fragmentos. Para “mantener en conjunto”, la soberanía dispone de una deontología funcional cuyos elementos son la corrupción –los cuerpos solo funcionan estropeados y estropeándose- y lo inmundo –la fuerza oscura como goma del mundo-: la excepción como estado permanente es el correlato necesario de esta funcionalidad. El estado, como tal estado de cosas, se articula en la doble pinza corrupción-inmundo, en la cual el hombre está, a la vez, presente (bajo la forma específica y concreta de prisionero o cadáver) y ausente (bajo la forma general de los “derechos humanos” y el protocolo II).

6.
Salta, literalmente, a la garganta, inesperado, el enemigo como enemigo cualquiera: terror global, ilocalizable, fragmentos sueltos de una máquina que marcha vacilante y animada por un único e inmenso motor inmóvil. Megamáquina que abriga en su seno las fuerzas que la amenazan y desafían obligándola a controlar las fuerzas y sus potencias, a redistribuirlas y gestionarlas en función de la seguridad global definida como terror (terror al terror). El amigo y el enemigo se lanzan en una curiosa tarea de controlar la fuerza y la contra-fuerza en función de una disposición global constitutiva de “la más oscura organización”: dicontinuum inmovile.

7.
La guerra, tanto como la paz, se han molecularizado, ilocalizado, entrando el relaciones de presuposición muy variables, muy desequilibradas. Estas relaciones, dentro de la lógica del terror, son objeto de un cálculo continuado de regulación global donde de la una a la otra el movimiento es, necesariamente, el de la continuidad, el de la mutua inter-expresión; han sido bendecidas con el signo positivo en función  de la construcción-destrucción continua, en el escenario absoluto de la mercantilización total. En este sentido la apuesta como pueblo (representado) y como estado (representante) está marcada: “el casino siempre gana”.

8.
Precarios, irrisorios, los agenciamientos colectivos conectan las fuerzas moleculares en el movimiento subterráneo  que, horadando la superficie, atraviesa una tierra descentrada, siguiendo la línea más inclinada y tortuosa. Movimiento de un pueblo que ya no está, que se mueve, que de todas maneras se mueve, y este es un movimiento diagramático –opuesto a cualquier movimiento programático-, que traza una estrategia de galerías laberínticas y a-centradas.

9.
Pueblo peligroso y amenazante, en la medida misma en que multiplica sus focos de resistencia. Las nuevas amenazas, tanto más despiadadas por cuanto han abandonado su simple posición de contra-fuerza, y tanto más imperceptibles por cuanto han claudicado –y es de esta claudicación que nace su potencia- frente a cualquier propósito de “toma de poder”; las constituyen estas fuerzas autonomizadas, que al auto-producirse y auto-posicionarse ya no esperan conquistar una espacio-temporalidad, pues ellas mismas son su espacio-temporalidad y la multiplicación de estas espacio-temporalidades modifica constantemente la geografía del mundo, renueva el “hiper-realismo histórico”, conquista –vector portador de alteridad- una narratividad que es presencia singular en nuestro presente y flecha lanzada al futuro como potencia guerrera contra el impotenciante nihilismo de la guerra.

Colombia una guerra interminable

Colombia una guerra interminable

Los grupos paramilitares

Los grupos paramilitares tienen su origen a raíz de tres aspectos importantes:
El primero de ellos tiene su ideología original que es la conformación de estos grupos como una resistencia contra las guerrillas, como una especie de contraseguridad nacional en respaldo a la poca eficacia del ejército contra los grupos de extrema izquierda.
No obstante, cuando estos grupos empiezan a ganar terreno su ideología es proclive a otro tipo de pensamiento. Es entonces cuando entra en juego el segundo aspecto que es la financiación de narcoterratenientes que ven en estos grupos la mejor forma de lucro económico ganado tierras de los campesinos desprotegidos que no tiene otra opción que desplazarse a las grandes urbes huyendo de la cruenta guerra y este es precisamente el tercer punto por el cual tiene su razón de ser el paramilitarismo y es la apropiación de tierras de los campesinos.

El departamento de Antioquia es cuestionado por su complicidad con los grupos paramilitares incluso hasta llegar al punto de cierta legalización mediante las CONVIVIR. Este proceder lleva a que se agudice mas el fenómeno paramilitar debido a que la violación de los derechos humanos se hace patente y queda en descredito la nación colombiana ante los entes de vigilancia internacionales de los derechos humanos aumentando las estadísticas de desplazamientos forzado y masacres en los sitios apartados de Colombia.
Por esta razón, la impunidad ya no es sostenible, las masacres, violación de derechos humanos, desplazamiento forzado, incitan a que el estado inicie una política gubernamental que combata a estos grupos sin mayores resultados visibles.

Finalmente, cabe resaltar que los grupos paramilitares operan no solo en las zonas rurales, sino que están asentados fuertemente en la zona urbana crenado gran cantidad de bandas juveniles acrecentando la violencia urbana y persecución contra los drogadictos, prostitutas, niños de la calle en lo que mal se conoce como limpieza social de los discriminados seres humanos llamados desechables.

La prostitución del conflicto armado

La prostitución del conflicto armado
La conformación de grupos al margen de la ley tiene un factor en común. La mayoría se conforman con ideales políticos, como mecanismo de resistencia ante poderes que enajenan la sociedad, como lucha armada en la búsqueda de emancipación del pueblo.

No obstante, en estos grupos se cumple el dicho “dale poder a alguien y sabrás quien es”, puesto que a medida que el paramilitarismo se va ganando el respeto o el miedo de sus víctimas, empieza a ejercer un poder manipulador sobre la sociedad al punto que su ideología cambia notablemente hasta llegar a la prostitución conflicto armado.

Se entiende por prostitución al intercambio de favores sexuales por dinero o bienes. Analógicamente, los grupos paramilitares creados originalmente para resistencia de las guerrillas, un aparente cuidado de la seguridad nacional, respaldo al ejercito, han vendido sus ideales a cambio de la adquisición de tierras, rutas del narcotráfico, poder y caletas de dinero.
Actualmente la función de estos grupos gira en torno al lucro económico por medio de la droga, a los jefes paramilitares no es atractivo el abandono de las armas porque el estado no tiene como financiarlos si retoman la vida civil.

Por otra parte, están los auspiciadores de la guerra desde los estrados nacionales, desde los capitolios donde promulgan leyes que garantizan conflicto para rato, ya que es muy atractivo el negocio por los grandes presupuestos que destila la nación, enriqueciendo a un sector exclusivo de nuestra sociedad.

Es muy atractivo el intercambio de bienes, de armas, aviones y presupuesto en el conflicto armado. No hay esencia, razón de ser de muchos de los grupos al margen de la ley, muchos subsisten por el amor al poder, pagando un precio muy alto de menos favorecidos como los niños que quedan huérfanos, las viudas, los campesinos que son sacados cobardemente de sus tierras, el ciudadano del común que tiene que pagar fielmente sus impuestos para financiar a los coimeros del conflicto.

En suma, difícilmente se cambiará la razón de ser de los grupos paramilitares, porque así como una persona después de enclaustrarse como meretricia le es difícil abandonar su condición, así mismo el paramilitarismo o cualquier grupo armado, no tiene voluntad del abandono de las armas por su larga trayectoria y por los favores que de la guerra recibe.

La lucha por el control del poder político y económico

La lucha por el control del poder político y económico.
  La lucha por tener el poder y lograr un mayor control en las actividades ilícitas, ha llevado -y para nadie es un secreto- a que todos los estamentos de nuestro gobierno hayan sido permeados en algún momento por grupos ilegales y al margen de la ley, utilizando mecanismos como infiltraciones, sobornos, chantajes, amenazas y toda clase de artimañas con tal de conseguir su objetivo. Para no ir tan lejos miremos casos recientes como: Políticos vinculados con Paramilitares “Parapolítica” el de los falsos positivos y la Infiltración del paramilitarismo en el DAS, que en su momento se prestaron para favorecer los intereses de grupos armados y del narcotráfico (los cuales en la actualidad están ligados los unos a los otros).
Ver video http://www.facebook.com/photo.php?v=442927728664

Afortunadamente los testimonios de los sobrevivientes, ex colaboradores y desmovilizados han servido para revelar detalles, no solo a los procesos de investigación que adelantan la justicia nacional e internacional; también han permitido que la sociedad conozca y tome parte de estos asuntos y este atenta a estos lamentables hechos de descomposición, que pareciera estar viviendo nuestro País por momentos.
Con lo anterior y muy de la mano, va la desaparición forzada, el secuestro extorsivo, asesinatos de testigos, dirigentes sindicales, líderes comunales. En fin una serie de delitos que atentan contra la integridad humana y el derecho internacional humanitario de acuerdo a la forma en que los cometen.
Lo mas triste de todo es que siempre resulta afectada la población civil o que “justos paguen por pecadores”. Para ello desde hace mas de un siglo, se han trazado Políticas Mundiales a través de entidades y organizaciones Internacionales como la ONU, LA UNICEF, EL CICR entre otros; los cuales propenden y trabajan por la protección de los derechos humanos, pero son los países quienes deben implementarla y hacerlas respetar.
Pero surge una pregunta, ¿Qué sucede cuando el mismo país o quienes ostentan el poder, son quienes vulneran los derechos humanos?.
Falsos positivos http://www.youtube.com/watch?v=sdsdp_7UAGU
Desplazamiento forzado en Colombia http://www.youtube.com/watch?v=b8ZM6R1UDZc&feature=relmfu

¿Qué es el Derecho Internacional Humanitario?
Los conflictos armados son tan antiguos como la humanidad misma. En la guerra siempre existieron las prácticas consuetudinarias, pero los Estados empezaron a formular normas internacionales destinadas a limitar los efectos de los conflictos armados por razones humanitarias sólo en los últimos 150 años. Los Convenios de Ginebra y los Convenios de La Haya son los ejemplos principales de esas normas. Esta rama del derecho, habitualmente denominada derecho internacional humanitario (DIH), se conoce también como derecho de la guerra o derecho de los conflictos armados.
Los principales tratados de DIH aplicables en caso de conflicto armado internacional son los cuatro Convenios de Ginebra de 1949 y su Protocolo adicional I de 1977. Las principales disposiciones convencionales aplicables en caso de conflicto armado no internacional son el artículo 3 común a los Convenios de Ginebra y las disposiciones del Protocolo adicional II.
El DIH es un conjunto de normas internacionales, convencionales o consuetudinarias, destinadas a resolver los problemas causados directamente por conflictos armados internacionales o no internacionales. Protege a las personas y los bienes afectados, o que pueden resultar afectados, por un conflicto armado, y limita el derecho de las partes en conflicto a elegir los métodos y medios de hacer la guerra.

El derecho internacional humanitario (DIH) es un conjunto de normas que, por razones humanitarias, trata de limitar los efectos de los conflictos armados. Protege a las personas que no participan o que ya no participan en los combates y limita los medios y métodos de hacer la guerra. El DIH suele llamarse también "derecho de la guerra" y "derecho de los conflictos armados".

El DIH es parte del derecho internacional, que regula las relaciones entre los Estados. Está integrado por acuerdos firmados entre Estados –denominados tratados o convenios–, por el derecho consuetudinario internacional que se compone a su vez de la práctica de los Estados que éstos reconocen como obligatoria, así como por principios generales del derecho.

El DIH se aplica en situaciones de conflicto armado. No determina si un Estado tiene o no tiene derecho a recurrir a la fuerza. Esta cuestión está regulada por una importante parte – pero distinta– del DIH, que figura en la Carta de las Naciones Unidas.

El DIH se encuentra esencialmente contenido en los cuatro Convenios de Ginebra de 1949, en los que son parte casi todos los Estados. Estos Convenios se completaron con otros dos tratados: los Protocolos adicionales de 1977 relativos a la protección de las victimas de los conflictos armados.

Hay asimismo otros textos que prohíben el uso de ciertas armas y tácticas militares o que protegen a ciertas categorías de personas o de bienes. Son principalmente:

• la Convención de la Haya de 1954 para la protección de los bienes culturales en caso de conflicto armado y sus dos Protocolos;
• la Convención de 1972 sobre Armas Bacteriológicas;
• la Convención de 1980 sobre Ciertas Armas Convencionales y sus cinco Protocolos;
• la Convención de 1993 sobre Armas Químicas;
• el Tratado de Ottawa de 1997sobre las Minas Antipersonal;
• el Protocolo facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de niños en los conflictos armados.

Ahora se aceptan muchas disposiciones del DIH como derecho consuetudinario, es decir, como normas generales aplicables a todos los Estados.

http://www.facebook.com/photo.php?v=442927728664 

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http://www.youtube.com/watch?v=b8ZM6R1UDZc&feature=relmfu

CONCLUSIÓN

CONCLUSIÓN
El anterior trabajo nos deja como resultado un acercamiento al flagelo de la violencia en Colombia. Por un lado notamos que muchos de los ideales que se tiene cuando empieza el conflicto han venido cambiando por intereses individuales y egoístas.
La violencia ha sido la excusa perfecta para daños colaterales como la corrupción que incluso puede ser más catastrófica que el mismo tema que estamos tratando.
Finalmente, cabe resaltar que el camino no es expedito cuando de hablar del tema se trata, debido a que no hay un solo concepto que encierre todo este tema. Sin embargo, los acercamientos que se tienen a través de este escrito dejan un terreno fértil para abordar este contenido con mayor profundidad a través de otros estudios vistos desde otra óptica, ya que la violencia no tiene un solo punto de vista.